OPINIÓN: Estrellas también se conmueven

Posiblemente no era la primera vez que estaba frente a una historia sorprendente, con despilfarros de adrenalina y con relatos de interminables sollozos contenidos. La diferencia crucial es que esta vez todas estas sensaciones no pertenecían a uno de sus guiones pintorescos para una película de abultado presupuesto.

Las luces no estaban encendidas para filmar sus gestos distinguidos. Tampoco se montó una escenografía pintada al óleo, con follajes superpuestos y ultimada en detalles mínimos. En esta ocasión Angelina Jolie no fue a Perú a encarnar a su personaje de Tomb Raider, ni a escarbar en alguna catacumba o en ruinas incas en la búsqueda de un tesoro perdido.

Angelina dejó de lado sus atuendos de actriz y sus cuestionadas decisiones de estrella connotada, para vestirse de representante especial de la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados (Acnur), pudiendo evaluar en carne propia las condiciones de vida de los inmigrantes venezolanos.

La estrella estadounidense quedó convencida de la valentía y la desazón de nuestros compatriotas. Lo pudo constatar en los comedores y albergues dispuestos en tierras peruanas, para honrar su difícil prueba de abandonar sus amores y prodigios perdidos en el tiempo; sus costumbres distintivas y sus sonrisas extraviadas en la necesidad de aplacar el hambre.

Compartió con ellos una cucharada de nostalgia. Escuchó de sus nuevas vidas errantes y del riesgo de dejarlo todo, pues más vale la incertidumbre que un desenlace irremediable. Entendió con una claridad deslumbrante, que en Venezuela la gente muere por falta de medicamentos y por no tener un bocado justo para llevarse a la boca.

La ganadora del Oscar se topó con una realidad cruda y enigmática. No dudó en elogiar el coraje y la intrepidez de los refugiados venezolanos. Los animó como si interpretase el papel de su vida, asegurándoles que, si se mantienen unidos, podrán salir adelante ante esta difícil prueba de su existencia.

Pero tampoco dudó de la perversidad del régimen. Dijo sin velo en sus argumentos y con las exclamaciones propias de una mujer que conoce de las actitudes de los personajes más diversos, que cómo un gobierno puede ser bueno si más de dos millones de personas han salido del país.

Precisamente, más de mil venezolanos cruzan cada día la frontera entre Ecuador y Perú. Más de cinco mil salen a diario de la patria de Bolívar. Son cifras tan alarmantes como dolorosas. Cómo buscan más allá de su sueño providencial, sobrevivir a la desidia de un país que para muchos parece irreparable. Huyen de la orfandad de una nación; del desamparo y el abandono de los privilegios normales de un territorio, el cual ha carecido de un mandato con buen sentido de sus deberes esenciales para con sus ciudadanos.

La aclamada actriz se reunió hasta con el propio presidente Vizcarra de Perú. Ofreció una conferencia de prensa, destacando que “ninguno de los venezolanos con los cuales me entrevisté quiere caridad, sino oportunidades. La situación de los emigrantes es una preocupación compartida. He venido para ser testigo de ellos. Esta crisis era predecible y evitable. He notado su desesperación. Hablé con un abogado que trabaja en un taller y gran parte de lo que gana, lo envía para su país y puedan sus hijos alimentarse. Ellos no querían venirse. Tuvieron la obligación de salir. No fue por opción. Y han preferido el sur”.

No me sorprendieron los memes que asaltaron las redes sociales, sobre las fotos de la actriz platicando con los emigrantes venezolanos. Tenemos un sentido del humor a veces tan repulsivo, que nos reímos de nuestras propias desgracias. Pero la nota agría siempre la dan los del régimen. Diosdado Cabello, como si fuese el director y productor de una de las más costosas superproducciones hollywoodenses (aunque tendría dinero para serlo), le asignó a Jolie el papel de agente de la CIA y de desconocer dónde queda Venezuela en un mapa.

Al primer golpe de vista, Angelina mostró una inquebrantable compasión por los desplazados venezolanos. Entendió cómo éstos se ven en la tarea de deshojar las alternativas para sus decisiones repentinas y decisivas. Su actuación es merecedora de otra estatuilla, pero la del humanismo y solidaridad. Quizá el régimen esté cercado en su propia trampa, cuando una ganadora del Oscar tiene los arrestos de tocar con los dedos nuestra realidad y de llevar ese mensaje al mundo.

MgS. José Luis Zambrano Padauy

Ex director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”

zambranopadauy@hotmail.com

@Joseluis5571

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