Política Antipolitica y Frivolidad por Julio Castillo Sagarzazu

Chávez llega al poder por un conjunto de circunstancias que se alinearon, así como los astros se alinean para producir un eclipse.

La más importante, sin duda, lo constituyo el agotamiento de la clase política del momento y su incapacidad para producir trasformaciones de calado (como, por ejemplo, las que estaban contenidas en el Proyecto de Reforma a la Constitución que se discutía). Este agotamiento estuvo igualmente acompañado de un alejamiento de los partidos tradicionales de sus bases populares y de la ciudadanía en general.

Pero, sin duda, otra de esas circunstancias fue la aparición en la escena de icónicos personajes de la novela de Herrera Luque “Los Amos del Valle” que veían en el surgimiento del fenómeno de la Descentralización y la emergencia de nuevos liderazgos regionales y locales, una amenaza a su bien aceitado mecanismo de producción de privilegios y canonjías para sus negocios que les había tomado varias décadas poner a punto y que, ante la inminencia de que trastocara ese status quo, salieron en masa a apoyar y financiar al teniente coronel.

La predica de la anti política fue para ellos el credo a expandir para favorecer sus intereses. Así crearon a Irene Saez y cuando esta se desinflo, inflaron al que te conté.

No obstante lo dicho, no cabe duda de que estas circunstancias no necesariamente nos habrían traído automáticamente a Chávez al poder, si hubiese mediado un mínimo de reflexión seria sobre lo que se nos venía encima. ¿Cuántas veces escuchamos el argumento de que había que castigar a los políticos votando por Chávez? O que Salas Romer era muy antipático y nariz respingada. ¿Cuántas veces advertimos a amigos y familiares que votar por Chávez solo nos traería lo que nos trajo? ¿Cuánta gente se dejó deslumbrar con su “por ahora”? En pocas palabras, eran la frivolidad y la anti política enseñoreándose en el país.

En realidad, (y hay que decirlo en descargo de nuestros compatriotas) no ocurrió nada nuevo, ni nada de lo que hayamos sido los primeros en incurrir. Décadas atrás, el pueblo más culto de Europa, el alemán, había elegido a Hitler en libérrimos comicios, con las consecuencias que todos conocimos. Dicho en otras palabras, no tenemos la patente de la metedura de pata en el terreno de la política y en el de las elecciones.

Ahora bien, como es conocido, los humanos somos los únicos animales que tropezamos dos veces con la misma piedra, ¿No valdría la pena entonces, hacer un poquito de ejercicio de sindéresis y trata de producir un ambiente en el que estos disparates no vuelvan a repetirse?
Es verdad, como dicen por allí, que la política es demasiado seria para dejársela solamente a los políticos.

Pero es que llega la hora en la que los aficionados deben dejar trabajar a los profesionales. Así de sencillo. Si a usted se le espicha un caucho o se le descarga la batería, puede resolver el problema fácilmente, pero si se le funde un motor es la hora de los mecánicos.

Si nos duele la cabeza o tenemos una indigestión podemos tomarnos una pastillita, pero si padecemos una obstrucción intestinal, es la hora de los médicos. Y si los médicos entran al quirófano, lo mejor es que los familiares esperen afuera y que cuando el carro entre en el taller hagamos lo propio.

¿Es que no nos basta con el ejemplo del Carmonazo, cuando el flamante “presidente” dejo esperando en un salón de Miraflores a gobernadores, dirigentes políticos, a la CTV, sin atenderles, mientras se reunía con los empleados de aquel señor que quería cogerse a Venezuela y que después colaboro y sigue haciéndolo con el régimen, al fracasar en su golpe? ¿No fueron estos “anti políticos” los que le recomendaron que no hablara con Baduel y que formara un Alto Mando, a espaldas de los lideres militares?

Ya sé que no es “políticamente correcto” y menos simpático decir las cosas que estoy diciendo aquí y mucho menos en esta hora en la que las redes sociales están inundadas de politólogos aficionados y de managers de tribuna tan populares en nuestros estadios, pero hay que asumir el halo de antipatía que esto va a generar y volver a pedir un poco de sindéresis.

La situación del país es grave y delicada. Las próximas horas serán exitosas si las cosas funcionan como un mecanismo de relojería. Yo me imagino que hay que armar rompecabezas aquí y afuera del país. Hay que conversar, convencer a escépticos, empujar remolones, aquietar incendiarios. Hay que evaluar sueños, esperanza y miedos, pero también intereses.

Como en el domino, hay que imaginarse las piedras que tiene el adversario. No se puede tirar una tranca si todavía tienes la cochina o ahorcártela, o peor aún, tirar esa tranca si la mano parece segura. Como en el ajedrez, hay que pensar, no solo tus jugadas, sino en las del adversario. A veces hay que hacer un enroque para proteger al Rey. Como en el béisbol, no se debe mandar a tocar a la bola al cuarto bate, pero tampoco mandarlo a batear un jonrón si el pitcher esta wild. Hay tantas cosas en juego que lo sensato pareciera no dejarse llevar por las emociones.

¿Qué tenemos que hacer los legos, quienes estamos en nuestros pueblos, ciudades, barrios, urbanizaciones, trabajos y en la calle de viandante? Pues muy sencillo convertirnos en multiplicadores de la esperanza, sembrar el optimismo. Ayuda a empujar a los remolones y a calmar a los incendiaros que tenemos al lado. Trabajar para que el 23 de enero haya un claro mensaje al mundo de lo que queremos los venezolanos.


¿Es mucho pedir?
¡Ojalá que no!

Por: Julio Castillo Sagarzazu

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