¡Sólo en revolución!… Por Daniel Hernández Luengo

Diariamente escuchamos asombrosos relatos que describen la amarga tragedia de vivir en revolución. Los periplos que deben sortear los ciudadanos para tratar de llevar una vida digna están a la orden del día, convirtiéndose la mayoría en épicas sagas de espanto y brinco. 

 A escasos días de culminar la conmemoración anual de la pasión de Cristo, conocida como Semana Santa, partió al encuentro con el Señor el hermano de un compañero de trabajo, y su particular historia de horror luego de su lamentable muerte, dio paso a la redacción del presente artículo.  

En la medida que el familiar narraba el hecho, iban juntándose en mi mente escenas de la película venezolana del género comedia: “Domingo de resurrección”, protagonizada por Juan Manuel Laguardia, Carmen Julia Álvarez, Franklin Virgüez, Flavio Caballero y Adela Cisneros, a comienzos de la década de los ochenta del recordado próximo siglo pasado.  

El drama comenzó a las puertas de la emergencia de un reconocido centro de salud público donde el infortunado expiró en horas diurnas producto de un ACV.

 Luego del procedimiento administrativo, solicitan al hijo reconocer el cadáver en la morgue, la cual resguardaba un sinfín de cuerpos abandonados, en estado de descomposición debido a la ineficiencia administrativa del gobierno de Maduro.

Ante la negativa del joven, un tío decide acercarse para hacer la respectiva exploración y dejar, a la vez, la afeitadora y atuendos que usarían para trasladar el cuerpo posteriormente a la funeraria. Cumplido el objetivo esperarían hasta la tarde para ir a la sala mortuoria.   

Transcurrida casi una hora de arribar al lugar en horas vespertinas, un allegado sugiere abrir el cofre el cual permanecía cerrado. Para sorpresa de todos, el difunto a quien realizaban las exequias no correspondía con la fisionomía del pariente directo. El desconocido llevaba puesta hasta la vestimenta del apreciado deudo quien seguía extraviado en el hospital por negligencia de sus empleados.     

Debido al insólito escenario, un grupo decide trasladarse nuevamente al Universitario situado junto a la Facultad de Ingeniería de LUZ para resolver la irregular situación. Sin embargo, minutos antes de partir llega un joven a constatar que su padre recién fallecido podría estar en esa sala velatoria por equivocación.

Al confirmar la presencia del consanguíneo, sendas lágrimas recorrieron por las mejillas del adolescente aturdido quien lamentaba la rasurada del mostacho del progenitor sin su consentimiento. Aquello parecía una mezcla del show de Jerry Lewis y una novela de Agatha Christie según cuentan.

Absorto miraba el cargado rostro de pesar del referente, mientras mis manos sudorosas delataban la excitación por puntualizar los desmanes de los infames servidores públicos que dan vida a la tiranía, mediante el acostumbrado texto semanal.

Mientras trataba de acomodarme acalorado en el sofá tras semejante narración, comprendía, atónito y con tristeza, porque estamos como estamos…    

Prof. Daniel Hernández Luengo

Escritor

dahlpahg@gmail.com

@danielovtsky

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