Una tiranía de corto plazo y sin alternativas

Foto: Cortesía

Existen tantas razones para creer que nos hallamos en el umbral de las definiciones, que hasta podemos tomarnos el atrevimiento de aventurarnos con fechas y augurios. Pero nos dejamos aclimatar por la capacidad asombrosa del régimen por hacernos infelices. Siempre el desasosiego por los estragos impuestos, por la calamidad diaria programada desde Miraflores y La Habana, nos desploma y nos conduce al indeseable camino del pesimismo.

Las noticias propagadas a todo tambor en los diferentes medios de comunicación del mundo, nos permite hilar el destino y entender sobre la existencia de un plan medido. Venezuela logrará zanjar su deuda con la prosperidad. Alcanzaremos ese progreso providencial al cual nunca se llegó, pese a todas las riquezas del pasado y a las reflexiones casi cansinas sobre sembrar el petróleo para diversificar la economía.

Maduro puede derrochar 200 millones de dólares en un evento tan inservible como burlesco, como lo es el Foro de San Pablo. Puede llenarnos de fanfarronadas o hacerse la víctima de los acosos internacionales. Pero prevalece un juego estratégico para desarraigarlo del poder.

La confianza evidente en Guaidó, afanoso, sin arrebatos, inmutable ante las trastadas de la tiranía y centrado en sus ideas, pese a cercarlo con detenciones injustas a los miembros de su entorno, nos permite entrever que está siguiendo al pie de la letra, el objetivo programado y los tiempos para lograr los tres pasos hartamente señalados desde el inicio de su loable cruzada.

Nunca he creído en voceros temerarios y erráticos por parte de funcionarios norteamericanos. No pueden exponerse a interpretaciones insondables o generar algún atisbo de incredulidad, ante el rigor abundante de la opinión pública estadounidense.

El encargado de Latinoamérica en la Casa Blanca, Mauricio Claver-Carone, con su traje impecable, su pelo engominado y su talante inexpresivo, esgrimió con una contundencia premonitoria, que se la ha dicho al entorno directo de Maduro, que el dictador tiene un “corto plazo” para dejar el poder, si no quiere enfrentar la justicia internacional y nuevas medidas implacables.

Aunque parezca una declaración más, tras meses casi interminables de ofuscaciones, emociones entorpecidas y arbitrariedades cotidianas, las palabras emitidas en esta ocasión tienen un sabor distinto, pues se amoldan a varios hechos observados en estos días.

“Ese plazo es inmediato”, espetó el funcionario sin vacilar. “Es el momento de que EEUU y los países del Grupo de Lima le ofrezcan una salida en un tiempo definido”. Sus aseveraciones no dejaron de brazos cruzados al grupo en mención. Precisamente, después del informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, sobre la violación de derechos civiles, políticos, sociales y económicos de los venezolanos por parte de Maduro, este organismo espera remitirlo hasta la Oficina de la Fiscal de la Corte Penal Internacional.

Pero tal disposición no se queda solo en una mera iniciativa. A su vez, y con sobrados pretextos para una actuación dispendiosa por la justicia en Venezuela, el grupo aprobó la creación de un ente para investigar a los testaferros de la tiranía, sobre todo a los vinculados a actividades ilícitas de corrupción, narcotráfico, delincuencia organizada y terrorismo.

A la par, el Departamento de Estado norteamericano, conocedor de dónde provienen los hilos estratégicos del régimen venezolano, prohibió las transacciones financieras directas con cuatro nuevas entidades y subentidades de propiedad del ejército cubano, que se agregan a la lista. Las presiones económicas y financieras continúan. Lo sabemos de sobra y con los ojos expectante sobre la utilidad de esta coacción.

Los cancilleres del Grupo de Lima no descartan en el futuro una intervención militar. Lo ven como una posibilidad, un recurso. Por fin lo han señalado, al aprobar la Asamblea Nacional recientemente la reincorporación del país al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar).

Los hechos parecen hablar por sí solos. Dejemos de tamborilear con los dedos ante la espera. Daremos por zanjado el asunto de nuestra ansiada libertad en un tiempo preciso. A muchos que se consideran expertos de tomo y lomo, los veo impacientes, con pensamientos extraviados y castañeteando los dientes. Nuestro sueño insólito de independencia está cerca. No caigamos en la jugada de creernos en un futuro incierto. Hoy las cartas están echadas. Esperemos por los resultados próximos. Las últimas pruebas serán rudas, fragorosas y confusas. Pero la meta está cada día más cerca.

Por: MgS. José Luis Zambrano Padauy

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