Opinión: ¿Me vas a matar porque tengo hambre?

Esta lapidaria frase del apetente joven universitario frente a su vandálico agresor uniformado, sirvió no sólo para titular el presente artículo, también afloró un cúmulo de sentimientos que culminaron por encender ese pensamiento fijo llamado “inspiración”, como complemento significativo a las labores del espíritu; preludio para el desarrollo del inquietante escrito.  

¡Amenazas van y amenazas vienen! Característico pregonar disonante escuchado en los discursos del ala oficialista, acompañado desde sus inicios, de atropellos físicos e indecorosos para aquél que en su desagrado opcional, decida manifestar rechazo profundo en contra de la insipiente revolución.

Como contestación, ante la sempiterna justificación obtusa de agresiones por parte de colectivos y adeptos al partido de gobierno, luego de la incuestionable toma de Venezuela; traigo a colación, una reflexiva frase del premio nobel de literatura Jacinto Benavente, que permite entender, la reciente actitud de un pueblo que salió a la calle con determinación, dejando atrás los polvorientos harapos del que hacían uso indefinido, cual camuflaje perfecto del exacerbado miedo de exigir de manera pacífica, sean respetados sus derechos constitucionales.

Sentenció Benavente: “La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande”.

Es evidente, que los venezolanos se cansaron de esperar. Las mentiras y humillaciones obsequiadas por el comunismo, la desgracia y miseria en la que ha caído uno de los países más ricos del mundo visto desde diversos ángulos, son pruebas irrefutables que demuestran una vez más, que ninguna doctrina disfrazada de socialista y mucho menos dirigida por militares, son la solución más confiable para salir de una posible crisis donde se atente contra la democracia.    

La mejor mentira usada en otrora para alienar a las masas, y que en determinado momento causo aceptación en un bando y pequeños disgustos en otro, fue la de vender a un soldado paracaidista de bajos recursos, disociado, mitómano, resentido y charlatán; como el nuevo hombre del pueblo, docto en materia política encargado de enrumbar el país. Considerándose además reencarnación de Bolívar y mesías salvador.  

Este largo período de aprendizaje, nos exige sensatez y actuar con cautela pero sin pausa. El disgusto grande llegó en la voz de todos los venezolanos, por la carencia de soluciones de los herederos del trono. El hambre está causando la implosión social, por momentos pacífica, que no parará nadie.  

Y de antemano les digo. Ningún disfraz de miss chocozuela, enfermera o barrendero, por muy decorado que esté; podrá ocultarlos de la justicia tras la estrepitosa huida. El traje de rayas tras unos barrotes, les asentará mejor.

¡Venezuela tiene Hambre!

 

Lcdo. Daniel Hernández Luengo

dahlpahg@gmail.com

@danielovtsky