Experta de caso Leopoldo López: “Siento el peso de su condena”

Por Erick Lezama A.    

Gobierno. Cambio. Calle. Salida. Leopoldo López emitía discursos en los que repetía, sobre todo, gobierno, cambio, calle, salida. Convocó a una marcha que terminó con disturbios y dos muertos. De eso hoy se cumplen tres años. La Fiscalía señaló a López como responsable de aquel desenlace fatídico, pues consideró que sus seguidores lo produjeron atendiendo sus mensajes. El líder de Voluntad Popular se entregó. Hubo protestas incesantes por semanas, otros 41 fallecidos y represión. Y, tras un juicio, él fue declarado culpable.

Rosa Amelia Asuaje -lingüista, académica de la Universidad de los Andes- sabe con precisión que gobierno, cambio, calle y salida eran las palabras que más pronunciaba, pues, a solicitud del Ministerio Público, analizó en profundidad sus arengas. Porque en el juicio la Fiscalía intentaba demostrar la contundencia de la oratoria del líder político. De allí que haya solicitado a Asuaje el estudio detallado de sus discursos. El informe que preparó dice, por ejemplo, que sus mensajes eran “coléricos y rabiosos”, y que los destinatarios “cargados de ira” pudieron “sentir la necesidad de decodificar eso en la realidad”.

Aunque ella ha insistido en que no significa que él hiciera “un llamado expreso a la violencia”, su trabajo pesó para que la balanza de la justicia se inclinara en contra del opositor. Tanto es así que un fragmento de la sentencia dice lo siguiente: “(López) usó el arte de la palabra (…) su propósito (…) era conseguir la salida del actual gobierno a través de los llamados a la calle, la desobediencia de la ley, y el desconocimiento de los Poderes Públicos (…) hizo llamados a la calle en los cuales produjo una serie de hechos violentos (…) de personas que actuaron determinados por los discursos del mencionado ciudadano”.

“Demasiado peso”, lamenta ahora Asuaje, a tres años de aquel 12 de febrero. “Yo hice un peritaje que fue muy técnico. Esos peritajes deben ir acompañados de pruebas, de evidencias como llamadas telefónicas, y no fue así”. Y se hace las mismas preguntas que la defensa del dirigente opositor se ha formulado siempre: “¿Hasta qué punto un discurso puede incidir en un acto delictivo? ¿Cómo puedes probar eso?  Durante este tiempo no tienes idea de cómo he seguido analizando los discursos, porque es que me vi involucrada”.

-Para respaldar la teoría de la Fiscalía, el informe que usted realizó fue medular. Por eso se vio involucrada. ¿Por qué siempre insiste en que su trabajo se manipuló?

-Una teoría no existe si no está sustentada científicamente. De lo contrario lo que hay son hipótesis. La Fiscalía manejó una hipótesis con miras a que se convirtiera en una teoría, pero no fue así, porque no había pruebas. Se dio un proceso judicial en el que un peritaje, que no es vinculante, se convirtió en la principal prueba. Como lingüista analizo las características del habla de un informante, pero no puedo juzgar. Es mi reclamo como ciudadana. Después de tres años de este evento que marcó mi vida para siempre, tengo reservas sobre los procedimientos judiciales. Los casos deben llevarse con la venda de la justicia, independientemente de la bandera política de los implicados.

-A pesar de lo que dice, hay citas muy contundentes a lo largo de su informe.  Por ejemplo, la siguiente: “(López) se dirigió a sus destinatarios sin detallar que la salida sería pacífica. Eso fue, sin duda, un detonante que pudo coadyuvar en la exacerbación de sus seguidores (…) Para mí, lo que sucedió el 14f (…) es muestra de que la incitación de un líder a las calles para salir de un gobierno constitucional, puede generar actos erráticos, desesperados y muy probablemente violentos”.

–Yo no cambiaría nada de lo que escribí. A partir del análisis que hago establezco posibles soluciones, jamás afirmo tajantemente. Si revisas esa cita, te darás cuenta de que yo hablo de posibles escenarios. La lingüística te permite predecir ciertos patrones discursivos que pudieran generar ciertas situaciones. Pero hay un libre albedrío que tú no controlas, ni del emisor ni del receptor. Para la sentencia no hubo un estudio de psicología de masas, para analizar el comportamiento de los seguidores de Leopoldo López.

-¿Usted está tratando de limpiar su imagen de “testigo estrella”? Hay quien piensa que usted ha rechazado la sentencia por miedo, porque le ha pagaron.

-Si yo fuese una perito deshonesta yo no hubiese refutado la sentencia públicamente como lo he hecho. Me hubiese podido quedar callada, pero mi deber profesional era decir que mi trabajo fue manipulado. Y eso va más allá de mi posición política. Estoy defendiendo mi ética profesional. A mí nadie me ha pagado nada. Sigo con mi carro de siempre, vivo de mi sueldo en la universidad que es bastante exiguo, estoy en el país, sometida a cualquiera bala perdida, sometida a una detención extrajudicial. Soy una persona rasa, pues. No ostento ningún poder, más allá del poder de mi voz. Tengo una solvencia ética y académica que me permite decirte todo lo que te estoy diciendo y que avala lo que hice. También tengo solvencia moral. No me han podido probar, por ejemplo, el delito de legitimación de capitales. Ojalá tuviera yo una cuenta en Panamá. Si eso fuera así no estuviera hablando contigo.

-¿A tres años de distancia, qué análisis hace de los discursos de Leopoldo López?

 – He hecho un ejercicio de volver a escuchar los discursos. Todas las denuncias que él hizo en 2014 son, actualmente, un espejo de la realidad. Voceros de la izquierda venezolana -la gente de Marea Socialista, por ejemplo- que no están con Nicolás Maduro, tienen esencialmente el mismo discurso de López, cuando hablaba de la corrupción, de un narcoestado, de las colas, la escasez, la falta de medicamentos, el hampa. Creo que hay una discursividad de Leopoldo López que hay que rescatar. Me parece muy visionario lo que él estaba planteado. Él estaba diciendo cosas que hoy están vigentes. A veces mirar las cosas con distancia ayuda mucho. Él va a cumplir tres años encarcelado y te puedo asegurar que yo también tengo tres años encarcelada.

-¿Cambiaría algo de su informe?

–No cambiaría nada, salvo la manipulación de la que fui objeto, pero eso no depende de mí.

-¿Siente el peso de la condena?

-Sí, yo también siento el peso de esa condena. Pero no siento cargos de conciencia. Esta ha sido una experiencia dolorosa, me he tenido que cuidar mucho más. He tenido que salir y entrar al país, mi hija ya no vive aquí. He tenido que tomar decisiones en función de mi seguridad. Una vez me fracturaron dos costillas, me cayeron a golpes, y no sé si fue hampa común. Pero en este momento no te puedo decir qué hay detrás de las amenazas, de mensajes anónimos. Y es de parte y parte. He sido la perita de boxeo de los dos sectores.

-Usted tenía conciencia de que este era un caso emblemático. ¿Se arrepiente de haber participado?

-Yo creo que la palabra arrepentimiento no cabe en esta conversación, ni para Leopoldo López, ni para los jueces, ni para mí. Es un asunto de responsabilidad histórica. Y la mía ha sido el papel de una perito que denuncia. Es la primera vez, en la historia de Venezuela, que por un discurso se presume la culpabilidad de una persona en hechos de violencia. Me gustaría resaltar cómo por un discurso político se puede presumir o no la responsabilidad de una persona en actos que esa persona directamente no comete.

– ¿Qué opina del discurso que actualmente manejan los líderes políticos en el país?

– Mi diagnóstico como lingüista es que hay una pobreza muy grande, y que eso es cónsono con nuestra degradación moral. No hay argumentos, ni hay respeto. El rol de los políticos es guiar, a través de sus discursos, al pueblo. Si tú en un discurso lo que vas a decir son descalificaciones, sin contenido político ni ideológico, estamos mal. Desconozco estudios actuales sobres el discurso político de esta fase del chavismo. Al menos en la Universidad de Los Andes no se están haciendo. El país ya tiene una crisis económica brutal como para que cargues al ciudadano de a pie con mensaje ofensivos. Eso finalmente le hace la situación aún más dura a quien pasa ocho horas haciendo una cola para comprar un kilo de arroz. Un presidente que denomine a su adversario de “el monstruo de Ramo Verde”, uno no sabe qué implicaciones puede tener eso. Y no estoy diciendo que la gente se va a ir a quemar a Leopoldo López.

-Qué le diría a Leopoldo López?

-Una vez me hicieron esa pregunta y respondí esto mismo: Heráclito de Éfeso decía: “panta rei”. Esa frase griega significa “todo fluye”. Esa máxima es esencial para comprender todo en la vida. Nada permanece. Leopoldo López más que nadie lo sabe, porque en estos tres años todo ha fluido en su vida. Todo pasa, nada permanece. Eso también se lo diría a los gobernantes de este país.