El venezolano más buscado en Estados Unidos por estafa

Pedro Antonio Bravo Andrade es uno los tantos venezolanos que decidió dejar el país. Se fue a Estados Unidos, pero a diferencia de millones que han buscado una oportunidad laboral honrada, él decidió utilizar su astucia para engañar a amigos y conocidos mediante un negocio que parecía perfecto. 

Su propuesta llegaba como una buena noticia para sus allegados; les planteaba una idea que en pocos meses les daría grandes beneficios económicos. Bravo contactaba a personas que sabía no desconfiarían de él y les ofrecía aportar dinero para comprar un vehículo, el cual restauraría para revender y obtener el doble de ganancia. 

Una vez que le depositaban o transferían la cantidad que pedía, se “desaparecía” progresivamente, dejaba de contestar las llamadas y por lo general cambiaba la ubicación de su taller mecánico. 

La trampa perfecta 

Más de 30 personas cayeron en la trampa, entre ellas el puertorriqueño Rey Pupo, quien decidió presentar una denuncia formal ante los tribunales de Estados Unidos. 

“Él decía que en dos meses ya estaba listo el negocio. Parecía atractivo porque al año podías sacar unos seis carros. Cuando se le depositaba ya cambiaba la tónica, ya no respondía, perdía el interés, se desvinculaba, empezaba a cambiar números de teléfono, cambiaba de dirección y de taller”, explicó en entrevista telefónica con El Nacional Web. 

Aunque Pupo no conocía a Bravo desde hace muchos años – a diferencia del resto de los estafados – le creyó cuando le planteó que necesitaba capital para comenzar un negocio de remodelación de vehículos usados. Firmaron un contrato en el cual se comprometía a pagarle los 6.700 dólares que le había prestado para  comenzar el negocio, y le dio el título de propiedad de tres vehículos como garantía de pago. Tras varios meses dándole largas al retorno de la inversión, la víctima concluyó que el sujeto no le pagaría, por lo cual acudió a la corte. 

“La corte le mandó la carta y él se dio a la fuga. El investigador fue al lugar donde él vive y la que arrendaba le dijo que el hombre se fue sin decir nada. Con su esposa y el hijo de 5 años”, explicó Pupo. 

Antes de darse a la fuga por última vez, había engañado a varios amigos de la infancia, entre ellos José Ponte, quien reside en Venezuela y lo conoce desde la época del colegio.  

“Como él ponía la mano de obra, te decía ‘tu haces la inversión, 5.000 dólares por vehículo’. La ganancia iba a ser aproximadamente el doble. Enviaba una especie de contrato, rellenaba y enviaba por correo”, explicó. 

En su caso le escribió al pasar unos cuatro meses sin tener detalles del avance en la restauración del vehículo y no obtuvo respuesta. Algo similar vivió Maru Ollarves, residenciada en España. 

La comunicación se dio vía chat y ella nunca dudó de Bravo debido a que tenían años de amistad. Incluso convenció a su esposo de invertir en el negocio y comprar dos supuestas camionetas – a 6.000 dólares cada una que le darían una ganancia considerable. Sin embargo, el tiempo pasó y su antiguo amigo comenzó a perder el contacto, a no responderle los mensajes ni enviarle las fotos de los vehículos que ella y su esposo solicitaban. 

Luego de que Ollarves contactara con la esposa del sujeto, logró que le transfirieran 6.000 dólares. El resto del dinero nunca lo volvió a ver, al igual que no obtuvo más información sobre el destino de Bravo hasta que supo había intentado estafar a otros amigos en común, y en muchos casos lo había logrado.

El Nacional